La mayor parte de las aguas medicinales son muy antiguas. Brotaron del seno de la tierra en épocas remotas y tienen a su favor sus méritos propios y el prestigio de la tradición.
No así las de Fuente-cálida, que son modernísimas.
Un día se sintió un terremoto en una de las sierras más ásperas de la península; se formaron anchas grietas en el terreno, y al cabo de poco tiempo cada grieta era la boca de un manantial.
Y la casualidad, y algún análisis que otro, practicado ppr médicos o químicos de la región, vinieron a demostrar que los nuevos manantiales eran eficacísimos para enfermedades diversas y principalmente para la tisis.
