Una tarde de lluvias primaverales, cuando viajaba sola hacia Barcelona conduciendo un coche alquilado, María de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros. Era una mexicana de veintisiete años, bonita y seria, que años antes había tenido un cierto nombre como artista de variedades. Estaba casada con un prestidigitador de salón, con quien iba a reunirse aquel día después de visitar a unos parientes en Zaragoza. Al cabo de una hora de señas desesperadas a los automóviles y camiones de carga que pasaban raudos en la tormenta, el conductor de un autobús destartalado se compadeció de ella. Le advirtió, eso sí, que no iba muy lejos.
«La sabiduría eterna de las letras reside en su capacidad de vencer al tiempo, despertar sentimientos y dejar huellas en el alma. Porque las palabras escritas con el corazón nunca mueren: permanecen vivas en cada página, en cada recuerdo y en cada persona que encuentra en ellas un motivo para soñar, aprender y comprender la vida»
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jueves, 29 de octubre de 2026
Solo vine a hablar por teléfono - Gabriel García Márquez
“Dedicada a todos los que siguen queriendo ser diferentes y luchan contra aquellos que desean que seamos iguales.” ― Albert Espinosa
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