En los recuerdos más tempranos de mi infancia en Portland siempre está presente la lluvia. Mi primer camarada, el paraguas, como un hongo gris encima de mi cabeza. Nuestra casa era muy semejante a las del vecindario pero allí la vida transcurría de otra manera. El único espacio para la convivencia era la hora de la comida y el resto del tiempo cada miembro de la familia se entregaba a sus actividades. Mi madre se instalaba en la mesa de la cocina para revisar las tareas de sus alumnos de la preparatoria y después iba a sentarse en su sillón favorito de la sala de estar a leer novelas y libros de poemas. Salvo casos urgentes, estaba estrictamente prohibido interrumpir su ritual. Mi padre, por su parte, se encerraba en el garaje para dedicarse a lo que constituía una pasión más que un simple oficio: restaurar coches antiguos.
«La sabiduría eterna de las letras reside en su capacidad de vencer al tiempo, despertar sentimientos y dejar huellas en el alma. Porque las palabras escritas con el corazón nunca mueren: permanecen vivas en cada página, en cada recuerdo y en cada persona que encuentra en ellas un motivo para soñar, aprender y comprender la vida»
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miércoles, 28 de octubre de 2026
Un paseo por el bosque – Reynol Pérez
“Dedicada a todos los que siguen queriendo ser diferentes y luchan contra aquellos que desean que seamos iguales.” ― Albert Espinosa
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